jueves, 11 de junio de 2015

Brasil, un año después del Mundial de fútbol


Casi un año después de la última Copa del Mundo, el sonido de las manifestaciones en contra del evento siguen sonando. El dinero público gastado en la construcción de estadiosindignó a unos ciudadanos que luchan por conseguir mejoras en los servicios sociales.

Parte de la preocupación venía de la incapacidad de algunos de los estados-sedes de dar uso a los campos después de la Copa. Usando el disfraz de 'estadios multiusos' el gobierno brasileño gastó millones de euros en lo que al final ha quedado como lugares para conciertos, cumpleaños, bodas, misas... pero nada que amortice ni sus gastos mensuales ni mucho menos lo que costó.

Por supuesto, en la mayoría de estadios sí se está jugando al fútbol asiduamente, pero no hay más que revisar la prensa brasileña para ver que no todo consiste en que el balón ruede.

Muchos equipos no pueden hacer frente al precio que han pactado para el uso de sus nuevos estadios, la crisis en el fútbol brasileño se agudiza con estos monstruos gigantes. Las gradas no se llenan, no son capacidades realistas para las aficiones que las ocupan.

Los gastos en la organización de un Mundial deben ir en consonancia con la situación financiera del país. Y su uso posterior, garantizado. Algo que a la FIFA y al gobierno de Brasil se le habrá debido olvidar.